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Viernes, 31 de agosto de 2018.

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La tierra es su todo, es la herramienta que le ha permitido lograr lo planificado. Aprendió a acostumbrarse a ella desde los 11 años de edad. Con una sonrisa y la amabilidad que caracteriza a muchos de los hombres del campo nos recibió en su sencilla vivienda en la comunidad de Gasparilla (Cirí Grande, distrito de Capira) don José Ángel Vargas, un coclesano de 67 años que asegura que el título de propiedad fue el complemento que necesitaba para seguir labrando la tierra. Firmemente dijo: “Un terreno sin titular, es como un hijo sin registrar”.

Era el mediodía del 24 de agosto, luego del acto de entrega de 400 títulos de propiedad en Cerro Cama (La Chorrera) gracias a un trabajo conjunto entre la ANATI y la ACP, nos dirigimos para cumplir con la entrevista del señor José Ángel. Unos 45 minutos duró el trayecto hasta llegar a su morada… Dijo “vamos a mi lugar de trabajo, allá estaremos cómodos”.

Estaba ansioso por mostrarnos “el supermercado” que tiene en su finca de 3 hectáreas, en donde a simple vista se ve el cuidado que le da a sus plantaciones de mandarina, aguacate, cacao, ají, plátano, guineo y claro está, el rubro que le ha permitido integrarse a la Asociación de Caficultores de las Subcuencas de los Ríos Cirí Grande y Trinidad del Canal de Panamá (ACACPA): el café.

Trabajo arduo
“Aunque no lo crean, llevo 56 años dedicándome a la siembra, cultivo y hasta comercialización de los alimentos antes mencionados. Aprendí desde niño el manejo de la tierra; con el pasar de los años conocí a mi difunta esposa (que murió en enero pasado), tuvimos 9 hijos, algunos nos dieron nietos y, el menor, que está casi por terminar la secundaria, pasa tiempo valioso en la misma finca que me ha servido para costearle sus estudios y el de sus hermanos”, comentó el hombre de mirada profunda y hablar muy fluido.

Llamó curiosamente la atención el proceso que se requiere para lograr un buen producto (café), trabajado con técnicas que han ido mejorando con el paso de los años. Una planta adulta puede dar sus frutos en un año, siempre y cuando se tenga el cuidado debido, tomando en consideración la utilización de productos para eliminar insectos que puedan arruinar el fruto.

Es un trabajo arduo y del que sus productores están viendo los resultados porque han recibido capacitaciones y seminarios. “Le cuento que una lata de café en cereza madura puede venderse en $9.00 y si se vende seca puede venderse hasta en $15.00”, agregó.

En esta región, de visible verdor, paisaje admirable y una fresca brisa, estos caficultores, en Las Gaitas, cuentan con una máquina procesadora del café (tostadora, moledora y selladora para el empacado), lo que le facilita en gran medida el trabajo. Todos sueñan con poder vender su preciado producto en la capital, incluso fuera del país.

Una herencia para sus hijos

Muy ameno entre sus plantaciones, contó, como papá orgulloso, que está claro en que todo lo logrado en su finca seguirá dando frutos, porque su hijo de 17 años –David- está cerca de él viendo el manejo de lo que ha llamado una herencia (porque la tierra hay que trabajarla con amor para poder distribuirla sabiamente entre los hijos) y aunque asegura que no se siente cansado ni aburrido de trabajar la tierra, sabe que en la vida hay que darle paso a las nuevas generaciones.

Sus hijos vieron las altas y bajas por las que pasó, pero nunca desistió. Agradece a cada uno de ellos el apoyo que le han brindado y espera que puedan seguir su ejemplo. Pasó 20 años con el deseo de titular su terreno. Se dispuso ir a la Anati, realizó todos los trámites y en 6 meses se cumplió su anhelo: la legalidad de su “terrenito”, producto del trabajo conjunto que desarrolla la institución con la ACP, a través del Programa Apoyo al Catastro y Titulación de Tierra, lo que le ha permitido mejorar económicamente su calidad de vida.

Un entusiasta José Ángel se despidió no sin antes decir que todos sus logros se los debe a Dios, quien le dio guía y fuerza para no flaquear y concretar sus metas.